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Sintiéndome viva

Sentirse vivo es algo que puede parecer normal, pero que requiere un no se qué que a veces uno no acaba de encontrar.

He aquí una lista de cosas que me hacen sentir viva:

  • Amigos, risas, cañas, más risas.
  • Escuchar muy alto y en bucle “esa” canción. Donde esa son tantas esas…
  • El sol entrando por la ventana.
  • Un libro del que no me puedo desenganchar.
  • Una peli de la que me creo la protagonista (o la realizadora XD).
  • Ese comentario que te hace ver las cosas desde otro punto de vista (uno que no sabías ni que existía).
  • Alcanzar una meta. O dos. O tres.
  • Fracasar. (Qué golpe contra la realidad :S)
  • Esa conversación. Esa, sí. Ya sabes cúales.
  • Sentirme querida…

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Nadando

Últimamente he recuperado el hábito de ir “con regularidad” a la piscina a nadar. Nado desde que era pequeñita, me encanta nadar, me siento cómoda en el agua… ¡tan cómoda! Pero también me siento muchas otras cosas. Cosas como éstas:

On fire. Cuando estás on fire te sale todo. Aumentas el ritmo y notas como la sensación de velocidad viaja desde las puntas de los dedos de tus pies a las de tus manos. En vez de sentirte cada vez más cansada, te sientes cada vez con más fuerza. Te envuelves en una capa de suave agua y no te la tienes que llevar por delante porque es casi como si no la notaras, es una sencación maravillosa… para mi es “la” sensación.

Nerviosismo. Nerviosa te sientes muchas veces antes de tirarte al agua para competir, se trate de una competición importante o no. Te resbalas en la pileta, te tiras una décima de segundo tarde… esas cosas. Pero ese nerviosismo desaparece completamente al entrar en el agua. Te lo creas o no, ni rastro de él.

Sin embargo, no es esa la sensación de nerviosismo a la que me refiero. Dicha sensación es algo que me sucedió por primera vez cuando tenía 13 años y que no tuvo que ver con los nervios previos a la competición porque sucedió en un entrenamiento. Los dedos de las manos, normalmente los de la derecha más que los de la izquierda, se separan. Es imposible juntarlos, el brazo se sale de su trayectoria y la sensación de pérdida de control es vertiginosa. Esa sensación, más que cualquier otra dentro del agua, me da miedo, me dio verdadero pánico la primera vez. Ahora la veo venir de lejos, me digo que no es más que un fantasma y como, entre otras cosas, no tengo un entrenador que me dice que coloque bien el brazo, “no pasa nada”. Pero si me tiro al agua, distingo claramente cuando algo no va bien en mi, lo que sea, si los dedos de la mano derecha se separan y “no me dejan avanzar”.

Pero si tengo piernas/ Alivio. Esto pasa cuando parece que no avanzas y de repente te acuerdas de que tienes más extremidades a parte de los brazos para avanzar. Ah, las piernas… de cuántas nos han salvado 😛

Rampas. A veces simplemente, después de muchas horas de entreno, de competición o, actualmente, cuando estoy en muy baja forma o no me alimento como es debido, mis piernas no responden. A los 500m empiezo a tener rampas en los gemelos en los pies, buf… imposible seguir nadando. Más que dolor, rabia, impotencia.

Letargo. Es cuando te tiras al agua y nadas y nadas y se te va la cabeza y pasas de un pensamiento a otro de forma inconexa como si de una película surrealista se tratara. Ni te enteras de que estás nadando. Fuera del agua se conoce como “soñar despierto” (dentro del agua imagino que también…).

¿Pero cómo puedo haber desperdiciado una oportunidad como ésta??! Esto sólo se da cuando compites (al menos en mi caso), y no durante, sino después de la carrera. Sales del agua, ves tu penoso tiempo (o inclusio tu tiempo mediocre), ves nadar a la gente, y dices “pero qué fácil parece, cómo puedo haberlo hecho tan mal, por qué me sentía tan cansada dentro del agua??!”. Y ese tipo de preguntas. Sueñas con que se hayan equivocado y por el altavoz vuelva a sonar tu nombre en la próxima serie. Pero no, no suena. Y tu oportunidad se ha ido. Y tendrás que esperar a la próxima vez para hacerlo mejor.

Nopueditis. Esta es para mi entrenador, que cuando le decías “no puedo” te contestaba “poder puedes, di que no quieres”. Y tu orgullo se veía tan tocado que te veías obligada a seguir nadando. La nopueditis se daba sobretodo con las series de 10x400m… buf! 😛 Ahora se da después de 1.500m cuando dices… venga, tienes que llegar a los 2.000m para conservar tu orgullo 😄

Y para terminar, un vídeo de uno de mis ídolos de hace unos años, Martin López Zubero. Yo también quería ser espaldista, pero no me salía 😛 Así que al final resultó que fui una nadadora de fondo.

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El tiempo lo cura todo

Dicen que el tiempo lo cura todo y a mi está frase siempre me ha dado qué pensar…

Un instante como cualquier otro del tiempo...

Un instante como otro cualquiera de mi tiempo...

Mi yo rebelde se resiste a pensar que es el tiempo y no uno mismo el que cura, arregla (o lo que sea), las cosas. Que es el tiempo el que llega a dónde no llega uno mismo. Sin embargo, hay momentos en la vida en los que uno se da cuenta de que realmente sí es cuestión de tiempo.

Por ejemplo… tiempo sí

Hállese uno sorprendido por la ruptura de una amistad de años y no sabiendo si se ha terminado para siempre. Uno reflexiona y considera que su actitud no ha sido la más honorable… pero tampoco la del amigo/ a en cuestión 😦 ¿Qué hacer?

Opción A: En las situaciones difíciles es dónde se ve realmente cómo son las personas… Es triste, pero adiós amigo/ a.

Opción B: Pensar que es algo circunstancial… perdonar, ser perdonado,… Al fin y al cabo, en situaciones como ésta es donde se prueba realmente la amistad.

Si yo eligiera siempre la opción B, alguien me diría que soy una amante de las causas perdidas 😉 En un caso como el descrito, el tiempo puede ser un buen aliado. Y es que sólo dejando pasar algo de tiempo se es capaz de discernir si esa acción x que nos ha llevado a la “ruptura” es algo circunstancial o no. La amistad, si verdadera, perdura en el tiempo y se fortalece a base de éstas y otras experiencias. Si es amistad… siempre vuelve. Los que me conocen saben que creo mucho en no forzar la amistad… porque para mi la amistad, entre muchas otras cosas, consiste en dar sin esperar recibir nada a cambio…

Por ejemplo… tiempo no

Hay ciertas ocasiones en las que dejar pasar el tiempo no sirve de nada. Como me enseñó Chris hace unos años (ya lo sabía, pero este blog me está ayudando a darme aún más cuenta del montón de cosas que aprendo siempre de Chris… ¡Gracias!), hay una serie de cosas, de experiencias, de vivencias… que uno lleva siempre en su mochila. Cosas de las que uno no puede huir, por más lejos que se vaya, y cosas con las que uno debe aprender a vivir.

En estos casos dejar pasar el tiempo no suele ayudar mucho. Es posible que te salga bien y, en mitad de ese tiempo que estás dejando pasar, suceda algo que “te arregle” el sentimiento, la situación o lo que sea. Es la táctica, por ejemplo, de Miguelito (el amigo de Mafalda), y consiste en esperar.

A mi, sin embargo, hay algo que me funciona de maravilla y que consiste en interiorizar el qué. Enfrentarme a ello de morros, sacar la “mierda” y aceptar la situación. Y si veo que no me sale (interiorizar el qué), pues la cambio (la situación). Desafortunadamente hay situaciones que uno no puede cambiar… pero son las menos. Sé que te estarás imaginando varias, pero piensa bien, seguro que se te ocurren alternativas. Créeme… tantas no hay. Empiezo con un dicho, el de que “el tiempo lo cura todo”. Y termino con otro, el de que “querer es poder”. Aunque el tema del querer y el poder es otro y no voy a entrar ahora.

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Sobre el sentir (a través de la música)

En realidad este post es un pensamiento que tuve ayer, que he tenido en otras ocasiones, y que quizás no es la primera vez que hago público. Y tiene que ver con la música, no sólo con el sentir.

Definición de sentimiento según la Wikipedia:

Es el resultado de una emoción, a través del cual, el consciente tiene acceso al estado anímico propio. El cauce por el cual se solventa puede ser físico y/ o Espiritual. Forma parte de la dinámica cerebral del hombre y los animales, que le capacita para reaccionar a los eventos de la vida diaria.

Emoción

Emoción es lo que me provoca oir según que melodías, instrumentos o voces en según qué momentos, algunos como el de ayer totalmente inesperados. Creo recordar una conversación acerca de la capaciad del olfato y la oída para evocar sensaciones en nosotros… ¡inmensa! Los que más. En dicha conversación, mi interlocutor aseguraba que los seres humanos nos enamoramos del olor que desprende la otra persona… así tal cual.

Reacción

Las reacciones que experimento escuchando música son algo inefable que no sólo me veo incapaz de describir sino que además me hacen sentir viva. Muy viva, en realidad.

Sí, si no me sientiera viva, mal andaríamos. Cada cual tiene sus recursos.

Compartir emociones y reacciones (provocadas por la música)

Compartir una reacción provocada por una misma canción o música con otra persona no es algo común. Cuando se da es sencillamente sensacional. ¿Por qué se da? Básicamente por dos motivos:

  • Recuerdos de una época común, en la que esa música era la banda sonora del momento, y así lo sigue siendo en nuestra memoria
  • La interpretación, absolutamente subjetiva e intransferible (e inexplicable), que cada uno realiza de la escucha- que puede ser activa o pasiva- de esa música

El tipo de coincidencia menos común, por lo menos en mi caso, es la segunda. Y precisamente porque es tan difícil de explicar, cuesta aún más darse cuenta de que se encuentra uno ante tal unión. Sí, se trata de una unión, de una simbiosis que no necesita palabras ni tacto ni tan sólo miradas para ser total.

Inventando historias

Al escuchar el “Up” de REM y montarme una trilogía que vete tu a saber si así fue concebida pero que no soy la única que es capaz de leer en la consecución de las canciones.

Al utilizar una canción de C.O.C. para salir de la frontera entre el llanto y la más absoluta felicidad después de escuchar una balada de Metallica (que no es “Nothing Else Matters” :P).

Al darme cuenta de que la canción número 5 es siempre una canción especial.

….

Cuando Chris Cornell canta en mi Focus

Cuando Chris Cornell canta en mi Focus, una servidora llora. Esto es así. No tiene más explicación que la voz de esta persona siendo capaz de tocar lo más profundo de mi (dando igual que ahora le haya dado por el pop… ese es otro tema). No siempre… pero basta un momento de especial felicidad (como el de ayer) o de tristeza (como el de otras ocasiones) para que una canción (un par o tres en realidad) de este señor, me hagan llorar. Tiene que ser conduciendo, algo que me gusta especialmente hacer. Y tiene que evocarme mil imágenes pasadas, presentes y hasta futuras hasta inundarme de tal manera que sea incapaz de contener las lágrimas. No es algo bueno ni malo. Es algo que sucede. Algo que me hace sentir viva.

Aquí dejo un vídeo de Chris Cornel. La canción me gusta, pero tampoco especialmente. Durante un tiempo la usé para despertarme (igual por eso la llevo en el inconsciente):

Nota final

Me gusta sentir y conocer a las personas a través de la música. Me gusta compartir sesiones de canciones especiales o triviales que vienen a nuestras mentes y evocan cosas y nos hacen hablar y transmitir y ser transmitidos. Y conectar (o no). Me gusta.

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Guardar lo que sientes

Quién: Lois Lane

Dónde: Smallville (a la hora de cenar)

Qué: “A veces es mejor guardar lo que sientes durante una temporada. Como si fuera una hucha en la que metes billetes para comprarte una bici.”

Me ha gustado el símil. Nunca lo había visto así, y realmente no se aleja tanto de la realidad (al menos de la mía). Durante un tiempo guardas lo que sientes, es como una inversión para el futuro, y de repente un día: oh, llegó el momento de disfrutar de ello… ¡Y de qué manera!

También es verdad que el dinero para la bici lo ahorras a conciencia hasta que llega el día, y ese día se puede calcular. Con los sentimientos no se puede calcular nada, y seguramente el hecho de que los guardes no tiene nada que ver con que un buen día puedas volver a “usarlos”. Y además guardar sentimientos no es nada bueno. Pero aún así, me ha gustado el símil.

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Mirando hacia adentro

Hoy es uno de esos días en que he mirado hacia adentro y no me ha gustado lo que he visto. Uno de esos días en los que no me siento orgullosa de mi misma.

En realidad no voy a entrar en mis miserias sino en el hecho de tenerlas y de no saber cómo enfrentarme a ellas. Cosas que uno tiene adheridas a su persona y que a veces ni se da cuenta de ello.

Una de esas mis miserias hace referencia a una historia del pasado. Yo sé que ahí hay algo que no va bien… pero no sé el qué. Y es JJ el que con una cerveza y buena música me dice “Vane, o lo superas de una vez o te enfrentas a ello, pero no sigas mirando hacia otro lado, porque está ahí”. Y vaya que si lo está.

En realidad este par de cosas que he encontrado dentro de mi no hacen tanta referencia a mis principios (o a la falta de ellos) como al hecho de darme cuenta de que no soy como creo que debería ser (y no me refiero a ser alta, guapa y rica…). Hoy he terminado de leer una novela de Hornby titulada “Fiebre en las gradas” y en ella había algo de eso. El autor reconoce su obsesión por el fútbol y se pregunta si sería capaz de no ir a buscar a su hijo el primer día de colegio por un partido del Arsenal en casa. Él quiere creer que no, que no sería capaz, pero duda de que así fuera. Pues a mi me pasa lo mismo. En resumidas cuentas, es algo que creo que le pasa a mucha gente: que no te gusta cómo eres.

Para terminar, he estado buscando un vídeo del programa de “Personas humanes” para homenajear a una persona que dejó en mi algo de ese ser sincero y honesto con uno mismo. Se trata de mi exentrenador de natación. Lástima porque no he encontrado el vídeo, pero parafraseando a Mikimoto, él siempre tenía 5 razones para explicar el por qué de las cosas, de todas las cosas, y especialmente de esas que para explicarlas hace falta mirar hacia adentro.

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