Archivo mensual: agosto 2009

It all just happens again

Me acaba de venir a la cabeza una canción de “The Offspring”. Se llama “Way down the line” y va de historias que se repiten… de historias de madres jóvenes embarazadas, de padres ausentes,… “The same old cycle’s gonna start again”, dice la canción.

Antes de seguir, el post no va de familias desestructuradas sino de historias que se repiten en la familia. En este caso en la mía.

Esta mañana he estado en Calella, ciudad donde he crecido y donde todavía viven mis padres y algunos de mis tíos y primos. Mi tía, la hermana de mi madre, me ha estado contando sobre sus hijos (mis primos). Son tres: chico-chica-chico. Y básicamente se dedican a hacer lo que hace la gente de su edad… Mi primo que se va pero que no se va de casa, mi prima que no pasa por casa… ese tipo de cosas 😀

Y luego está mi primo el pequeño. No he podido evitar una sonrisa cuando mi tía me contaba que se pasa el día pegado al ordenador, escuchando las mismas canciones de Nirvana una y otra vez, y preguntando cómo murió Kurt Cobain… además de queriendo aprender a tocar la guitarra. Catorce años tiene (quince en tres meses).

Lo mismo que yo. Yo a su edad me pasaba el día escuchando Nirvana, quejándome de todo y chateando por Internet. Mis padres me regalaron una guitarra… que nunca aprendí a tocar.

Y ahora mi primo tiene esa guitarra. Me ha hecho tanta ilusión que se lo he contado a mis padres: It all just happens again.

Iba a colgar una foto nuestra (de mi primo y mía) de hace un par o tres de años. Es una foto a la que le tengo especial cariño, pero como sé que no le va a gustar… voy a respetar sus sentimientos de adolescente (que yo ya he pasado por ahí).

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Anuncios que me hacen reír

Acabo de ver un anuncio por la tele y todavía me estoy riendo. No era uno de esosque dices “¡qué bueno!”, no. Era uno de los que, simplemente, me dan risa. Me pasaría todo el día viéndolo y partíendome de risa… independientemente de lo que sucediera a mi alrededor. Así de simple, así de tonto.

He decidido recopilar algunos de esos anuncios, los que me han venido a la cabeza, por dos motivos:

a) Para que se ría todo aquel que pase por aquí

b) Para tener un sitio al que venir cuando necesite echarme unas risas y no encuentre ningunas.

Ahí van…

Mixta – Piedra, papel, tijera

Telepizza – Récord de “cuelgatus”. La primera vez que lo vi pensé “¿qué sera un cuelgatú?”, y supongo que por eso sigue haciéndome tanta gracia.

Renault Megane GT– … Y una maratóoooooon….ohohohooooo…. Este es realmente adictivo.

Trina – El que no te quiso hablar, porque pusiste en tu perfil la foto de tu comunión!!

Sorteo extraordinario de verano de la ONCE – Jefe, ¿qué es lo que you have?

No he sido capaz de encontrar un anuncio de Fanta de hace unos años, creo que era la época de lo de los viajes de fin de curso… los dos protagonistas, después de muchas aventuras juntos, decían algo así como “estamos perdiendo la comunicación entre nosotros”… y aquella escena me hacía reír taaaaanto XD Si alguien lo encuentra, por favor que lo cuelgue por aquí 😀

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No gracias, ya tengo la consola

Quién: Un chico que entró a la peluquería a cortarse el pelo.

Cuándo: Ayer. Por la tarde. 2009. Qué más da.

Dónde: En la peluquería de al lado de mi casa.

Frase:

Peluquero: ¿Quieres una revista mientras esperas?

Cliente: No gracias, ya tengo la consola (y se saca la Nintendo DS del bolsillo trasero de los pantalones…).

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Caótica Ana – Julio Medem

Caótica Ana es la última película de Julio Medem y se estrenó hace ya un par de años, en 2007. Actualmente Medem está preparando “Room in Rome“. Hace tiempo que tenía pendiente verla, pero la verdad es que por un motivo o por otro, nunca lo había hecho. Creo que en realidad me daba un poco de pereza… no me habían hablando muy bien de ella.

Antes de dar mi opinión sobre la película, he de decir que me gusta Medem. La manera en que la sensibilidad aflora en sus películas (en las que he visto, me hayan agradado más o menos) me parece sencillamente sensacional. Me siento conmovida con cada uno de sus planos. Pero esto no ha sido siempre así, sino que tengo que remontarme al año 200no-sé-cuántos para explicarlo.

Remontándome al año 200no-sé-cuántos

Julio Medem vino a la facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB, donde yo estudiaba por aquél entonces, para dar una charla. Lo cierto es que no recuerdo de qué iba la charla, sólo que ya se había estrenado Lucía y el Sexo, que la gente preguntaba sobre La Pelota Vasca, que Medem habló de su vida privada (su primera hija, su mujer, el póster que tenía en su habitación de pequeño), de sus sentimientos (el impacto que sufrió con las críticas de “La Pelota Vasca”), de cómo plasmar esos sentimientos en sus películas… Y ahí fue donde me di cuenta.

Ya tenía alguna sospecha, pero ahí fue donde me di realmente cuenta de que para hacer cine lo más importante es tener sentimientos. Esto se traduce en tener algo que decir, por supuesto, pero lo importante, lo realmente importante, es SENTIR. O al menos eso es lo que yo saqué en claro después de escuchar a Medem aquella mañana. Luego te puede faltar técnica, empuje o lo que sea, que son igualmente necesarios… pero el sentimiento es lo que le da sentido y, desde mi punto de vista, también belleza, a una película.

Mis películas preferidas (de Medem)

Para que me conozcas un poco más, para que, si has visto alguna de estas películas, puedas comparar y saber si te apetece ver o no “Caótica Ana”, ahí van mis preferencias medemísticas.

La Ardilla Roja es sin duda mi película preferida de Medem. Tiene un aire surrealista que la hace muy, muy especial. “Lucía y el Sexo” me gustó al principio, pero con el tiempo ha desaparecido de mi memoria y el recuerdo que guardo de ella no es especialmente bueno (tampoco especialmente malo).

Los Amantes del Círculo Polar me hizo sufrir tanto como me conmovió, creo que es la primera película suya que vi. Con el tiempo lo que me queda de ella es una historia un poco empalagosa… 😛 Pero en su día me atrapó, no puedo negarlo… (como buena chica- romántica- empalagosa que soy).

Y en honor a la verdad, de Tierra casi no me acuerdo y Vacas removió algo que me hizo apartarla. Pendiente estoy de volver a verla por tercera o cuarta vez.

Caótica Ana

Y ahora sí, habiendo contado todo esto, puedo hablar de “Caótica Ana”. En primer lugar, decir que si hubiera sido una de esas tardes de:

– ¿Vamos al cine?

– ¿A ver qué?

– No sé, lo que sea, si nos gusta alguna.

– Vale

(… en el cine)

– Mira, una de Medem.

– Venga, pues esta.

Si hubiera sido una de esas tardes, estoy segura de que no me hubiera gustado. No me hubiera dado cuenta de la mitad de las cosas y, como he oído por ahí, probablemente me hubiera parecido “una ida de olla”. Pero lo cierto es que tuve suerte y no fue ése el caso.

Es una película compleja que requiere (toda) tu concentración cuando la mires. También creo que requiere, hasta cierto punto, una identificación con el tema… seas hombre o mujer (y si finalmente ves la película, sabrás por qué lo digo). Es de esas películas en las que tienes que entrar, y si no entras, si te quedas fuera, ya lo puedes intentar que no te va a gustar. Pasa también con los discos o con los grupos de música… y a menudo con las obras de autor. Pues eso.

Una vez dentro, me gustó reecontrarme con ciertos elementos surrealistas que me recordaron un poco a “La Ardilla Roja”. El tema de la feminidad es importante, también están presentes el arte y la historia… lo primitivo, lo humano. Ahí me enrosqué… en muchas cosas conocidas pero desconocidas, en sentimentos confusos y profundos, en instintos humanos… instintos de mujer.

Ana, la protagonista, tiene o representa tan bien ese áurea mística que la hace especial y diferente, pero Bebe no sé queda atrás para nada. Parece mentira que sea la misma Bebe de La Educación de las Hadas.

Y la música… la música. Bella. Aquí van un par de canciones:

Dedicada a su hermana Ana

Son los créditos finales, no es un spoiler.

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Nadando

Últimamente he recuperado el hábito de ir “con regularidad” a la piscina a nadar. Nado desde que era pequeñita, me encanta nadar, me siento cómoda en el agua… ¡tan cómoda! Pero también me siento muchas otras cosas. Cosas como éstas:

On fire. Cuando estás on fire te sale todo. Aumentas el ritmo y notas como la sensación de velocidad viaja desde las puntas de los dedos de tus pies a las de tus manos. En vez de sentirte cada vez más cansada, te sientes cada vez con más fuerza. Te envuelves en una capa de suave agua y no te la tienes que llevar por delante porque es casi como si no la notaras, es una sencación maravillosa… para mi es “la” sensación.

Nerviosismo. Nerviosa te sientes muchas veces antes de tirarte al agua para competir, se trate de una competición importante o no. Te resbalas en la pileta, te tiras una décima de segundo tarde… esas cosas. Pero ese nerviosismo desaparece completamente al entrar en el agua. Te lo creas o no, ni rastro de él.

Sin embargo, no es esa la sensación de nerviosismo a la que me refiero. Dicha sensación es algo que me sucedió por primera vez cuando tenía 13 años y que no tuvo que ver con los nervios previos a la competición porque sucedió en un entrenamiento. Los dedos de las manos, normalmente los de la derecha más que los de la izquierda, se separan. Es imposible juntarlos, el brazo se sale de su trayectoria y la sensación de pérdida de control es vertiginosa. Esa sensación, más que cualquier otra dentro del agua, me da miedo, me dio verdadero pánico la primera vez. Ahora la veo venir de lejos, me digo que no es más que un fantasma y como, entre otras cosas, no tengo un entrenador que me dice que coloque bien el brazo, “no pasa nada”. Pero si me tiro al agua, distingo claramente cuando algo no va bien en mi, lo que sea, si los dedos de la mano derecha se separan y “no me dejan avanzar”.

Pero si tengo piernas/ Alivio. Esto pasa cuando parece que no avanzas y de repente te acuerdas de que tienes más extremidades a parte de los brazos para avanzar. Ah, las piernas… de cuántas nos han salvado 😛

Rampas. A veces simplemente, después de muchas horas de entreno, de competición o, actualmente, cuando estoy en muy baja forma o no me alimento como es debido, mis piernas no responden. A los 500m empiezo a tener rampas en los gemelos en los pies, buf… imposible seguir nadando. Más que dolor, rabia, impotencia.

Letargo. Es cuando te tiras al agua y nadas y nadas y se te va la cabeza y pasas de un pensamiento a otro de forma inconexa como si de una película surrealista se tratara. Ni te enteras de que estás nadando. Fuera del agua se conoce como “soñar despierto” (dentro del agua imagino que también…).

¿Pero cómo puedo haber desperdiciado una oportunidad como ésta??! Esto sólo se da cuando compites (al menos en mi caso), y no durante, sino después de la carrera. Sales del agua, ves tu penoso tiempo (o inclusio tu tiempo mediocre), ves nadar a la gente, y dices “pero qué fácil parece, cómo puedo haberlo hecho tan mal, por qué me sentía tan cansada dentro del agua??!”. Y ese tipo de preguntas. Sueñas con que se hayan equivocado y por el altavoz vuelva a sonar tu nombre en la próxima serie. Pero no, no suena. Y tu oportunidad se ha ido. Y tendrás que esperar a la próxima vez para hacerlo mejor.

Nopueditis. Esta es para mi entrenador, que cuando le decías “no puedo” te contestaba “poder puedes, di que no quieres”. Y tu orgullo se veía tan tocado que te veías obligada a seguir nadando. La nopueditis se daba sobretodo con las series de 10x400m… buf! 😛 Ahora se da después de 1.500m cuando dices… venga, tienes que llegar a los 2.000m para conservar tu orgullo XD

Y para terminar, un vídeo de uno de mis ídolos de hace unos años, Martin López Zubero. Yo también quería ser espaldista, pero no me salía 😛 Así que al final resultó que fui una nadadora de fondo.

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Aprender trabajando… trabajar aprendiendo

Lo escribo y hasta a mi me suena a una de esas cosas que se dicen, que queda muy bien decirlas, pero que no se hacen. Así que voy a tratar de ser un poco concreta.

Soy una persona curiosa, a menudo falta de concentración, pero curiosa. Eso se traduce en que me interesa aprender muchas cosas pero, como me cuesta mantener la atención en un mismo sitio o en una misma cosa más de 1 minuto seguido (¡o menos!), acabo por enterarme realmente de poco o, en el peor de los casos, a medias XD He aquí de lo que sí logro enterarme:

  • De lo que es muy fácil de explicar (y por lo tanto de entender).
  • De lo que no es fácil de explicar pero está muy bien explicado, así de forma clarita y sin trabalenguas de por medio.
  • De lo que me interesan mucho (y por lo tanto me esfuerzo por estar atenta, aunque me cueste). Y ese interés puede ser personal o profesional u “obligado”. El interés obligado es cuando algo no te interesa lo más mínimo pero sabes que la información que obtengas te va a ser útil.
  • De lo que alguien me pregunta sobre ello a posteriori (porque si la primera vez no me he enterado de nada, vuelvo a ello para, esta vez sí, saber de qué va la cosa).

Esto se traduce en que, de una forma u otra, y aunque seas un pelín despistada y con poca habilidad para la concentración como yo, si eres un poco curioso/ a, por un motivo o por otro, acabas aprendiendo bastantes cosas a lo largo del día. Y día tras día, te acostumbras a ello. Y no sólo te acostumbras, sino que es algo que te agrada (a mi me agrada, por lo menos).

Y aquí hemos llegado al tema de este post: aprender trabajando… trabajar aprendiendo.

Cuando uno se acostumbra al placer de aprender cosas, necesita también aprender en el trabajo, que es donde pasa la mayor parte de las horas del día (o en su defecto, un buen porcentaje). Esa una, la otra es que si a uno le gusta el trabajo que realiza, como es mi caso, pues le gusta también aprender cosas sobre él.

Con todo ello tenemos que aprender en el trabajo no es sólo una motivación sino que, su ausencia, puede ser un factor básico de frustración. Pero aprender… se puede aprender de muchas maneras:

  • Haciendo algo que no has hecho nunca antes
  • Haciendo algo que sí has hecho antes pero de una manera distinta
  • Leyendo: esto parece una obviedad, pero no por ello deja de ser importante
  • Preguntando: no hay que tener miedo a preguntar…
  • Trabajando con personas de tu mismo departamento o con la misma formación básica (sean tu jefe o no), que saben más que tú… o que sabe cosas diferentes a las que sabes tú 😉
  • Trabajando con personas de otros departamentos y con una formación básica muy diferente a la tuya (comerciales con técnicos, por ejemplo)
  • Trabajando con personas que tienen un perfil diferente al tuyo: ejecutores con gestores, introvertidos con extrovertidos, líderes con no-líderes,… cosas de esas

No vale decir que uno no aprende en su trabajo y que eso le desmotiva… uno siempre puede aprender, si tiene ganas 😉 Pero también es cierto que hay entornos de trabajo donde se dan más oportunidades de aprendizaje que en otros y, estar en uno de los que se dan más, se agradece.

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Publicidad en LinkedIn

Ya en su día me pareció “raro” ver AdSense en mi perfil de LinkedIn, pero pensé… bah, tampoco molesta.

Pero lo que sí que no me ha gustado ha sido, hoy, encontrar este banner. Ya sé que no tiene nada que ver conmigo ni con mi perfil… pero me resulta fuera de lugar.

publi_linkedin

No sé si es que la seriedad de la reputación de LinkedIn como red de contactos profesionales está tan bien establecida que se pueden permitir tener este tipo de publicidad. Lo que estoy planteando no es si esto les puede hacer daño o no… A mi este banner me desagrada mucho en el perfil, pero no me voy a dar de baja. Y creo que esta puede ser la actitud de la mayoría de usuarios del portal a los que les “moleste” el banner.

Lo que planteo es si es el hecho de tener una imagen “indañable” lo que les permite tener banners de este tipo.

Lo que me pregunto es si tienen esa imagen “indañable”.

Dicho de otra manera… si ahora alguien monta una red de contactos profesionales tipo LinkedIn, sin referente ninguno, y empieza a incluir publicidad como ésta en los perfiles… ¿qué pensarías? Desde mi punto de vista, su reputación sería “cutrecilla”… ¿no?

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Archivado bajo Comunicación y publicidad, Internet, redes sociales