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Recuerdos o cómo de grande es un pitufo

De vez en cuando nuestra mente hace eso de salirse de control y transportarse a donde le da la gana. Como cuando tienes una canción en la cabeza y no te la puedes quitar, por ridícula que sea. Como cuando quieres decir algo y se te olvida para siempre. Bueno, para siempre no, te acuerdas al cabo de dos días cuando alguien te está hablando de algo que no tiene absolutamente nada que ver. Como cuando pierdes el reloj y no hay manera de encontrarlo. Hasta que estás buscando tu bolso verde y entonces, dentro del bolso negro, porque el verde no lo encuentras, sale el reloj.

Así es mi mente.

Hace solo unos minutos, después de un mes en España con primera parada en Zaragoza, con viajes varios a Londres y Berlin, una hora de caravana diaria a la entrada de Barcelona, volver a casa de mis padres y dormir en la habitación de mi infancia y adolescencia, escuchar Tool una semana seguida sin parar, quedarme de prestado en casas de amigos en Barcelona, un fin de semana en Salou casi sin dormir, una barbacoa con multa incluida, y un vuelo a San Francisco perdido… mi mente tiene una frase en la cabeza:

¿Cómo de grande es un pitufo?

Y una foto:

pitufo

En este viaje no he podido ver a Leticia, pero Cecilia me escribió un email desde el restaurante de mis padres. Leticia y Cecilia son dos amigas que, aunque últimamente tengamos mucha distancia de por medio, tengo muy presentes. Leticia y Cecilia fueron mi familia durante una etapa difícil de mi vida. Me apoyaron cuando casi nadie más lo hizo, y mira, me he puesto sentimental.

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Quería colgar la foto del día del karaoke… pero no la tengo a mano 😦

Al acordarme de la conversación del pitufo, en las fiestas de Gràcia de hace… no sé cuántos años, he ido a Facebook a buscar la foto. Y allí me he encontrado un montón de recuerdos (desordenados).

Reencuentro en Madrid, cambio de nombre y vacaciones en Islandia.

Reencuentro en Madrid, cambio de nombre y vacaciones en Islandia.

Wackeeeeeeen!

Wackeeeeeeen!

Cinema a la fresca en Montjuic. Qué bien salimos todos en esta foto.

Cinema a la fresca en Montjuic. Qué bien salimos todos en esta foto.

Primer cumpleaños de Viky con Plunchete.

Primer cumpleaños de Viky con Plunchete.

Viaje a Madrid con Irene.

Viaje a Madrid con Irene.

Partidas de Fluxx y Guillotine en el 14. Hay que ver, es que no trabajábamos nada.

Partidas de Fluxx y Guillotine en el 14. Hay que ver, es que no trabajábamos nada.

Último día en Emagister. Con Daniela.

Último día en Emagister. Con Daniela. (Y Ariel de fondo).

mojitos

Mojitos con Kathy y Juanji (para olvidar las penas).

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Día de playa y comida en Les Caves.

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EBE con Jordi y Alex.

En Facebook no hay fotos recientes y en vez de ir a buscar al iPhone – que en honor a la verdad ha sido mi primer impulso – voy a dejarlo para otro post.

Después de recordar y recordar, solo me alegro de todo lo vivido y estoy emocionada por ver qué me depara el día de hoy, el de mañana, el de pasado… y todos los demás.

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Writing…

This week, at work, I’ve spent a big portion of my time writing. I’ve also spent time pitching our products, which I normally don’t do at all. But back to the writing topic, I do love writing, and apparently, I had forgotten about it. And as quite a few of the things I love, I love and hate writing at the same time.

I love and hate swimming because when I don’t go swimming (which nowadays is pretty much always) and think about it, I realize how lazy I am.

I love and hate traveling because it’s so exciting but I can’t avoid thinking I would be better off living in a different part of the world. But I don’t want to keep moving. Or do I?

I love writing because it’s so liberating. But I hate writing because it’s so frustrating.

Writing gives me freedom and  lots of energy, it makes me want to turn up the volume of the music and fly. I believe that language is BEAUTIFUL. And picking the exact words to say what you want to say, although not easy, is very fulfilling.

When I was a kid, I wanted to be a storyteller. I wanted to write stories for kids and have someone make movies for children based on my stories. During high school, I wrote not only a personal diary and regular letters to my friends, but also short stories and some poetry too. I even won some minor contests. Truth is, when I look back, I think it was the best way I could’ve chosen to deal with my teenager problems.

Sometimes when I’m writing I like noisy atmospheres. The reason why is when I realize it’s noisy, I also realize how concentrated and focused I’ve been, and believe me, concentration is not one of my best qualities. Other times I prefer it dead silent, otherwise nothing comes out of me. And for happy, laid-back writing, I like music. But not all types of music. I especially like Seether and today I added Bush to my list of preferred bands to listen while writing. I guess Nirvana would be a no brainer, but I’ve never tried, and I don’t feel like doing so… at least not yet.

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Home…

I’ve always been a bit of a nomad person. During the 4 years I spent in Barcelona, I moved like 9 times or so: Putxet, Raval, Gràcia. In May it’s going to be 3 years since I moved to San Francisco (without actually knowing I was doing so), and during these 3 years I’ve lived in SOMA, Haight & Ashbury, Noe Valley, and Parkmerced, in a total of 10 different apartments. If this weren’t enough, I happened to marry a nomad person too, his moving stats certainly beat mine!

About two years ago, I became a bit obsessed with the idea of finding a place that I could finally call home. I came back ‘home’ (where my parents live and have always lived) and people would ask me: where do you live now? They meant “in which country”, not “what’s your address”, and I didn’t even had an answer to that. I tried not to think too much about it, but the truth is I felt kind of lost, as if I didn’t belong anywhere.

Today I’m leaving Barcelona after a month and a half of traveling between San Francisco, Barcelona and Amsterdam. Today I’m going home. Yesterday I spent two hours walking on the beach, and I felt this town, Calella, as my home. My home as in hometown, as in the place where I can always come back and feel safe. I don’t especially like or dislike this town apart from its beach (which I love!). But it doesn’t feel like home-home anymore. I feel comfortable acknowledging, maybe for the first time in my life, where I belong, why I like Calella and why San Francisco is my new home now.

Whenever I go back to Calella, I feel like I am a kid again. Or a teenager. Or both at the same time 🙂 I feel time is frozen and I remember when my first computer- a 386- was here, in this exact same desktop where my laptop is right now. I look around and see my swimming trophies, high school diplomas, even a letter from a friend which was written 15 or 16 years ago. Something in this room is weird, there’s no swimming bag, no high school books, no CDs, no bike, no friends … And there’s always this suitcase.

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After all these years searching for a place to call home, it’s somehow difficult to accept that I have a new home, but I do. I know I’m not going to last more than a year in our current apartment, but San Francisco is probably going to be home for a bit more. Or maybe not. But honestly, I don’t think about it that often (thanks Leti!). Because you know, the same way when you try to run away you can’t run away from who you are, and you always take ‘that bag’ with you, when you don’t (run away) but move around like I do, this same bag, full of good and bad things, full of you and your loved ones, always travels and settles with you.

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La niña a la que se le cayó el caramelo de la boca al suelo

Érase una vez

Cuando era pequeña mis padres me llevaban cada Navidad al Saló de la Infància: el evento familiar más esperado del año (al menos para mi). Hija de hosteleros- además de hija única- pocas eran las veces en las que una servidora podía disfrutar de sus padres y “hacer cosas normales como el resto de los niños” (sí, así de cruel era). Y aún menos durante épocas festivas como por ejemplo la Navidad. La Navidad, los meses de verano o los fines de semana eran, con diferencia, las peores ocasiones para poder estar en familia. Sin embargo, a la cita Navideña con el Saló de la Infància, a esa, no faltábamos nunca, ni mis padres ni yo, durante todos los años durante los cuales fui capaz de alargar mi infancia.

Entre las diversas actividades que se llevaban a cabo durante el salón de la infancia, una de ellas era participar como público en el directo de un programa de televisión. Aquél año fueron los Picapuça, que daban en TVE2. Me encantaba ese programa: saltos, risas, payasos, canciones, era todo diversión. O al menos eso es lo único que recuerdo. Estuvimos como siempre entre el público, riéndonos mucho y yo rezando para que no me escogieran y me hicieran salir a participar. Por suerte ese año me volví a salvar.

Recuerdo que estábamos fuera del recinto, cuando uno de los tres payasos protagonistas pasó, vestido de calle, por nuestro lado. Yo me estaba comiendo un caramelo de naranja. “Oh, es uno de los Picapuça!” les dije a mis padres emocionada. Y mi padre, ni corto ni perezoso,  cogió y le dijo al susodicho algo así como “Hola, hemos estado en el programa y nos lo hemos pasado muy bien. Muchas gracias. Y ésta es nuestra hija, a la que le encantaría conocerte.”

Meeeec. Si bien mi padre no estaba equivocado- yo soñaba con conocer a ese payaso- la realidad era muy diferente: yo no quería tener que hablar con ese payaso.

En otras palabras:

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Durante los 5 segundos restantes, que podían haber sido 5 minutos y que a mi personalmente me parecieron 5 horas, nadie dijo nada. Yo me quedé pasmada mirando al Picapuça y no fui capaz de articular palabra.

Mi madre me dio un golpecito en la espalda y me dijo “Pero di algo”.

Y cuando por fin se me abrió la boca, fue para que el caramelo de naranja que me estaba comiendo se cayera al suelo.

No recuerdo nada más, a parte de pasar una vergüenza enorme.

Nada ha cambiado…

Aunque los que me conocen me tienen por extrovertida (la verdad, no hablo poco), y aunque parezca mentira, nada ha cambiado. Aún hoy sigo siendo esa niña a la que no dejan de caérsele los caramelos al suelo cada vez que pide un café con leche desnatada, una cerveza en un bar, un billete en el autobús- gracias tarjetas mensuales- le da las gracias y la propina al pizzero, se encuentra con un conocido por la calle y no sabe hacia dónde mirar ni cómo saludar (si nos conocemos y alguna vez no he saludado, perdona, seguramente me dio vergüenza), … y tantas y tantas otras ocasiones, incluidos los días de nuestras bodas. Los dos. El primero con 4 personas y el segundo con 110. (Pero esa es otra historia, y el esfuerzo y la vergüenza definitivamente valieron la pena).

Hablar mucho no es sinónimo de ser extrovertido. Reírse muy alto (algo que también me caracteriza) tampoco. Cuando le digo a al gente que soy introvertida me miran con cara de ‘no puede ser’. Pues sí, sí que puede ser.

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I love Barcelona

M’estic re-enamorant de Barcelona. Cada vegada que torno m’agrada més. Quan vaig marxar pensava que ja n’havia tingut prou, i en canvi ara, cada vegada que torno de visita, tinc la sensació de que encara m’hi queden coses per fer.

I ❤ Barcelona…

Per la seva arquitectura

arquitectura4

arquitectura5

arquitectura3

arquitectura2

arquitectura6

Pel seu color

arquitectura1Pels colors al tornar a casa de bon matí

casa-aviatPels carrers de pedra

carrers-pedraPer les places

plaça3

plaça2

plaça1Pels amics

amicsPer la  literatura

literaturaI per la música

musicaPer la gent sentada al terra

gent-terra

I pels R-E-C-O-R-D-S…

records2

records3

records4

records5

records6

records7

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Deberes después de la comida

¿Volveré a escribir en mi blog alguna vez? Parece que la respuesta es sí. Aunque la respuesta definitiva vendrá cuando clique en el botón de “Publish”. Y quién sabe si eso sucederá (ni cuándo).

Hay Cuando empecé a escribir este post había un perro ladrando-aullando en la oficina, y aunque ése no es el tema que lo inspira, se podría decir que tiene algo que ver. Resulta que ayer hace unos días, por primera vez en años (por lo menos 4 o 5), volví a sentir aquella sensación. La de cuando vuelves de comer con los compañeros de trabajo y dices: ‘ostras, tengo que trabajar pero ahora mismo me gustaría leerme tres libros, ver dos pelis, aprender a jugar a ‘Go’ y no sé cuántas cosas más’. Y sólo leerme uno de esos libros ya me llevaría más de un día. Qué estrés.

Cómo lo había echado de menos… y ni tan siquiera me había dado cuenta. Eso me hace pensar que tal vez haya más cosas buenas que haya perdido por el camino sin enterarme, pequeñas cosas que te hacen feliz o que se llevan la felicidad con ellas sin avisar. Malditas. Bueno, que no cunda el pánico, parece que se pueden recuperar, cuando menos te lo esperas, vienen y aparecen. x2 (o por más).

Y hablando de pequeñas cosas que te hacen feliz, cómo me gusta la palabra (inventada, pero palabra) ‘sintigo’. Cada vez que la digo o la escribo- leerla no puedo, a menos que la escriba yo, porque no existe- me parto de risa. Como por ejemplo ahora. Sintigo.

En fin, volviendo al tema de la comida y los deberes. Vayamos por partes.

  • “Vuelves de comer con los compañeros del trabajo”. Volver de comer con los compañeros de trabajo implica que ya no trabajo sola (físicamente), que no como en casa, y que hablo con gente a la hora de comer. Y si además, como yo, tienes la oportunidad de hablar de cosas interesantes, pues te das cuenta de por qué las relaciones humanas son importantes, te sientes persona.
  • Esa sensación ‘de que el cerebro te va a explotar’. Lo decía Gus a veces cuando volvíamos de comer, ‘me gusta ir a comer con vosotros pero hay veces que vuelvo con un montón de deberes’. Sonrisa. Pues eso. Si has estado ahí, sabes lo estimulante que esto resulta. A veces sucede a la hora de comer a veces no, lo que nunca faltan son las personas con las que conectas, las personas a las que estimulas y motivas a la vez que ellas a ti.

Qué bien recuperar esas pequeñas cosas…

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Bye bye 2012

Este año he tenido el blog un poco desatendido, pero no quería darle la bienvenida al 2013 sin despedirme del 2012 como es debido. El 13 es mi número favorito, así que mi primer impulso ha sido pensar que, por ese motivo, éste iba a ser un buen año. Luego ha venido Plunchete y me ha dicho “yo hace unos años que decidí que todos los años iban a ser buenos”. Y me ha parecido una actitud mucho más apropiada para la ocasión. Así que nada, preparándome estoy para un año de p*** madre.

El 2012 ha sido un año lleno de cambios para mi. Vale, digamos que mi vida está siempre llena de cambios, ¡y lo que me gusta!. Si nos conocemos y hace tiempo que no hablamos, ya sabes que la próxima vez que nos veamos vamos a tardar un buen rato en ponernos al día. Pero este año, los cambios han sido mayúsculos.

En julio me casé, en septiembre Plunchete y yo nos mudamos a San Francisco, y hoy, termina definitivamente mi etapa en Masterbranch. Miro hacia atrás y me acuerdo del vértigo que he sentido en el pasado, en repetidas ocasiones, al converger tantos y tan importantes cambios en mi vida. Esta vez, sin embargo, una hasta ahora desconocida vocecilla en mi interior me dice que todo va bien, que si no es esto será otra cosa y que lo importante es querer ser feliz. Siento que las riendas de mi vida son mías, y que puedo hacer con ella lo que quiera. Siento que ser feliz es cuestión de actitud y que los malos momentos sirven para hacerme más fuerte. Siento que me queda tanto por aprender,… y por disfrutar. Y así intento compartirlo con los que me rodean.

Gracias 2012…

Y hablando de los que me rodean, este año han entrado en mi vida algunas personas a las que, a día de hoy, ya es como si conociera de toda la vida, y por ello doy las gracias.

Este año también he aprendido que reírse de las cosas sí sirve para solucionar los problemas, o al menos, para verlos desde otra perspectiva y abrir la mente para poder encontrar una solución. Así que me retracto de lo que dije, gracias por hacer que me diera cuenta (ya era hora).

Esto no es nuevo, pero doy las gracias por poder seguir compartiendo mi vida con gente honesta, gente auténtica, gente que deja verse y que cree en lo que hace y en las personas.

En octubre vi a The Smashing Pumpkins en concierto- ¡y qué concierto!- y pude por fin quitarme el mal sabor de boca del año 2000 en Barcelona. Por fin. Ya puedo volver a ser una fan completa de The Smashing Pumpkins.

Y gracias a ti, y a ti y a ti, por ese café, esa sonrisa, ese email, ese comentario, esa foto, esa cena, esos 5 minutos, esas risas, esas copas… tu ya sabes de qué hablo.

Thank you…

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