Cuando dar muchas vueltas sirve para algo

Esta historia está basada en hechos reales.

Por un lado tenemos a  Miguelito, que lo que quiere que le salga bien es la vida. Y por otro lado tenemos a Thomas Mann, que dice que no hay que hacer deprisa lo que es para siempre. Finalmente tenemos a nuestra protagonista, vamos a llamarla Clara.

Clara se levantó aquella mañana, una mañana soleada pero gris y, como si de una niña de 12 años se tratara, se le ocurrió que le gustaría ponerse a hacer bolitas de lana. Bolitas de lana como ésta:

No de fieltro, y no como éstas otras:

Recordaba vagamente cómo hacer las bolitas… recortar una arandela, pasar la lana, recortar la lana… ¿cuándo recortar? Atar la lana… bolita más o menos terminada. ¿Bolita terminada?

La primera duda que se le planteó, ante tal escenario de incertidumbre acerca de cómo elaborar la bolita, fue el tamaño de la arandela. Arandelas hay de muchos tamaños, Clara dudó entre éstos (más o menos):

Arandelas de tipo 1

Arandela tipo 2 y 3

Las arandelas de tipo 1 tienen un agujero relativamente moderado comparado con las de tipo 2 (las metálicas de la segunda imagen). Las arandelas de tipo 1 funconarían con una lana más o menos gruesa. En cambio, las de tipo 2 no funcionarían prácticamente con ningún tipo de lana, por ser el agujero demasiado grande. Las de tipo tres (la no metálica de la segunda imagen) hubiera resultado ser, en cualquier caso, la mejor opción: agujero pequeño (independientemente del tamaño de la arandela, es decir, de la bolita que Clara quería hacer), ancho considerable… ideal.

Sin pensarlo mucho, Clara recortó una arandela de tipo 1,6. Lana normal, ni gruesa ni fina. Disponía de cordón grueso… pero las bolitas de lana debían ser elaboradas con lana.

Lo que sucedió a continuación fue que, mientras Clara pasaba la lana por la arandela, se fue dando cuenta de algo completamente revelador: había hecho un agujero demasiado grande. A partir de ahí, optó por pasar la lana a toda prisa, necesitaba dar muchas vueltas para poder terminar la bolita a tiempo (ah, el tiempo… siempre hay “un tiempo”). Pero cuántas más vueltas daba, más vueltas se daba cuenta que necesitaría. Ok, se dijo, cortaremos cuando termine el tiempo, y veremos cómo queda.

Vueltas, vueltas, vueltas. “No me va a dar tiempo, si corto de cualquier manera, no quedará bien, no parecerá una bolita.”- se dijo. ¿Qué hacer?

Y de repente, ¡oh!, tuvo una idea… tengo que dar muchas vueltas, las vueltas son necesarias… “¿Puedo terminar la bolita otro día?”– Preguntó. “Claro”- le respondío una voz (vamos a dejar al dueño o dueña de la voz al margen…).

Y eso es lo que sucedió: Clara decidió temrinar la bolita de lana otro día.

Resumen de los hechos y conclusiones

  • Sin pensarlo demasiado, Clara se encuentra con que ha hecho un agujero demasiado grande.
  • Al darse cuenta, Clara intenta terminar cuanto antes, dando vueltas lo más rápido que puede.
  • De repente, Clara empieza a encontrar “gusto” en lo que hace. Se siente más o menos cómoda, también porque ha bajado un poco el ritmo.
  • Lo siguiente de lo que se da cuenta nuestra protagonista es de que hoy no va a poder terminar la bolita, por muy rápida que vaya dando vueltas.
  • Clara se debate entre dos opciones, primero una y luego la otra: terminar de cualquier manera, a riesgo de no conseguir la bolita o, continuar dando vueltas para terminar bien la bolita, en los días sucesivos.
  • Finalmente, Clara se decanta por la segunda opción.
  • Conclusiones: A veces, hacer el agujero grande requiere mucho trabajo. A veces, no es posible terminar algo con la inmediatez que desaríamos. A veces, hay que dar muchas vueltas antes de llegar al resultado deseado.

Lo que yo, como lectora, me pregunto es… ¿Qué pasaría ahora si Clara se levantara mañana con ganas de dibujar en vez de hacer bolitas de lana??

4 comentarios

Archivado bajo Relatos, Vida

4 Respuestas a “Cuando dar muchas vueltas sirve para algo

  1. Pues que tendría que conseguir papel en blanco, lápices de colores y armarse de paciencia.

  2. Se lo voy a mandar a mi jefe, a ver si me deja hacer bolitas a mi ritmo para que salgan bien…

  3. La bolita de lana no es bella por sí misma. Es bella porque Clara ha puesto ilusión en hacerla, porque ha tenido que pasar por la decisión de escoger el tipo de arandela, y porque le ha tenido que dar vueltas y vueltas a la lana. Es por eso que es bella, y es por eso que las vueltas tienen sentido. La felicidad que la bolita infunde en Clara no es sólo por verla terminada, también es por todo el tiempo que le ha dedicado.

    ¿Qué pasaría si Clara se levanta con ganas de dibujar?

    Pues que Clara, como es obstinada y convencida de sus ganas, se va a poner a dibujar. Y hacer el dibujo, equivocarse, borrar, pintar de otro color, e ir poco a poco dándole forma a algo que sólo existe en su noble cabecita hará que el dibujo sea bello.

    Ahora te devuelvo yo la pregunta: ¿crees que a Carla le gusta ver la bolita y el dibujo terminados, o realmente le da igual y lo que le importa es disfrutar haciéndolos?

    Un abrazo.

  4. vramosp

    @Banyú: ¿Y qué pasa con la bolita?

    @Nesta: A ver, intentarse se puede…😄

    @Alex: Mmmm Creo que lo que realmente le gustaría es disfrutar haciendo la bolita…😉

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